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El post más bonito del mundo

Las calles heladas no dejan de gemir, ceniza, la leña crepita.   Paraguas. Cajas de cartón amontonadas. L ibros apilados, pilas, pelis de serie B, Netflix, caras de John Wayne.  Retales, retozos, retoños, retazos. Trozos. Erres que no pronuncio  bien.  Cojo de aquí y de allá, de canciones que me ponen tierno, de mentiras que me ponen triste. Las calles mojadas de asfalto y humedad, de asteriscos, de letras y cursivas. Notas al pie de pagina, Qatar . Te echo de menos y te tengo en frente. Te echo de menos y me como veinte haches, me quedo mudo. Titubeo y te ecgo de menos. Barro en  mi diario de soldado raso. Entre tinieblas. Blogueo. Párrafos. Cajas de cartón, amontonadas. Emilio Teno. El sur del sur. Drexler . Frases cortas, el post se va hacia dentro, a la entraña. Prosa poética sin filtro.  Cortar y pegar . Negrita.  Mil títulos, más de mil preguntas. Cero respuestas. Las golondrinas etcetera. Josele Santiago. Insomnio selectivo, empezar de cero. Bullyng. Los chicos del parque, kami
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Por lo laboral

Echando la vista atrás, Blogger para esto es una maravilla, me he topado con algo que escribí diez años y que tenía olvidado. En realidasd eran dos publicaciones de mi anterior blog , d os relatos con trasfondo similar. En aquella época trabajaba en Alcalá de Henares , como siempre, a la orilla de un río. Mi vida laboral se puede relatar sumando cauces fluviales, con sus crecidas y sus épocas de carestía. He pasado del río que nace en  Sierra Ministra - el  Henares - a se compañero de cuenca hidrográfica, al Guadalix, otro afluente, más modesto, del Jarama . E s curioso, existe una polémica  con estas cosas, poco virulenta, la verdad. Lo dicho, os traigo la primera entrada de la serie de dos publicaciones, mas que nada porque es la que más me gusta. La pongo,copi ando el html directamente, por lo que quedará idéntica a la de antaño. Si algún dia os aburrís mucho, en el lateral derecho o clickando en las tres rayas horizontales de la esquina superior derecha si entrais aquí desde un

Antihéroe

Anteayer me levanté de buena mañana con algún desastre sin resolver y me dirigí al Hotel Lichis con intención de hacer una reserva para el puente de la Constitución. En recepción, me cuentan que el propietario no se encuentra, que a finales de octubre le dio el corazón un sustillo y se está tomando unos días de reflexión, pero que no hay problema, el establecimiento sigue a pleno rendimiento. Aliviado me lanzó a las redes sociales y constato el montón de cariño que le prodigan desde la profesión y claro, también su público. Es un grande, no cabe duda, al menos para mi y para mucha gente de mi generación. La Cabra Mecánica nos acompañó en aquellos maravillosos años donde " mañana era nunca y nunca llegaba pasado mañana. " Luego nos dejo a todos sus seguidores a cuadros, pero esa es otra historia y además, a su manera, fue avisando con este Hotel Lichis , que daba ya algunas pistas. Estaba pasando por un momento vital complejo tras la fama de la mano de María Jiménez

Procrastina (que algo queda)

Fran, un amigo, compañero y referente. Ya lo decía mi madre , procrastina que algo queda y  yo soy muy obediente. Me gusta acostarme pronto y madrugar . Amanecer antes de que salga el sol, escuchar el canto del gallo con el café calentito y ponerme a escribir . A veces en un cuaderno, otras en el teclado enano de este Mac que aun me impone, con este monitor extraplano tan desorbitado, tan enorme. Me parece que lo mío es chiquito , más de pantalla de celular. En lugar de aprovechar el poco tiempo que tengo y que le robo a la almohada para avanzar con el taller y sus consignas, suelo enredarme escribiendo cosas random en redes sociales, en el Club de MNE o en cuadernos para mi. Incluso en el mismo móvil, de forma bien extraña me resulta cómodo escribir en el smartphone. Si se fijan muchas de las cosas que mencione en los párrafos anteriores vienen del otro lado del Atlántico , de Argentina  básicamente. Nunca di el salto, al menos en el mundo tangible, constatable, en lo que llamamos

Beethoven

La penúltima consigna del Club .  Llegaste un buen día, hace tantos años ya que no puedo recordar la fecha. Lo que iba a ser provisional, como tantas veces pasa, se convirtió en definitivo. Eras tan joven y bonito, poco más que un cachorro. Con ese pelo blanco tan abundante, tan suave. Tu blancura se iba tiñendo del color de la tierra de los caminos y arroyos del pueblo. Se te enredó tanto el pelo que parecías un rasta, un rastafari blanquito. Recuerdo que una señora del pueblo me regañaba: qué como te llevaba así, sin cepillar. Por aquella época ni siquiera yo me peinaba demasiado, todavía confiábamos en el viento. Fuimos aprendiendo a manejar tu pelaje. Ya sabes, tuvimos que ponerlo en manos de una profesional estupenda que ya se jubiló, por cierto. Todos los meses te dejaba como un pincel, tan guapo. Un día llegó el otro, tú le mirabas con cierto recelo, hasta que un día le dijiste: ¿pero tú no venías a pasar unos días?  Pero Caspi también se quedó. El pobre tenía un futuro bien in