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Extramuros

  Extramuros hace frío, hay que abrigarse cuando cae la noche, los atardeceres, más que bonitos, son melancólicos. Cuando uno frena y consigue al fin descansar, cesa el ímpetu y la ilusión por acceder al recinto amurallado, hay que saber esperar a que llegue el momento. A que las puertas se abran y chirríen los goznes. Entonces se siente cierta paz, cosquilleo y otra vez, el inevitable frío que no llega a calar los huesos, pero deja las yemas de los dedos ateridas. Es entonces cuando aparecen los fantasmas y, como ya me los conozco, son viejos conocidos, los ignoro o trato de hacerlo, no obstante, al cerrar los ojos, ya en la cama, es inevitable dejarse llevar un rato por sus cantos de sirena. Extramuros de tus labios, como te digo, siento el vacío. Una oquedad que estoy aprendiendo a manejar, si es que esto es posible. La relleno con risas y conversaciones, trato de no pasar mucho tiempo solo. Es como ponerle puertas al campo, porque el agujero, como un cráter, sigue en todo el ...
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Felicidad

Vivo en un país libre,   cual solamente puede ser libre  en esta tierra,   en este instante,   y soy feliz   porque soy gigante.    Pequeña serenata diurna. Silvio Rodríguez. Hay días en los que uno amanece claro y feliz escuchando la pequeña serenata, como si regresase del monte, quién sabe, a lo mejor de algún sueño florido y montaraz, y le sonríe a la vida. El horroroso bochorno se fue, ya estás en septiembre, ese mes que tanto te gusta, revolotean en tu cabeza cientos de golondrinas en forma de alegres canciones aladas. El lado más racional y más imbécil de tu cabeza, casi tan aguafiestas como ese tipo que pulula por la Junta Municipal del barrio, te quiere cortar el rollo convenciéndote de que solo son ilusiones (benditas ilusiones), que todo está igual que ayer.  Pero tú ignoras esas apreciaciones y canturreas: " Felicidad qué bonito nombre tienes... " y te sonríe la chica marroquí de la frutería, te habla de sus largas ...

El todavía de una ilusión

  El adverbio todavía , primo hermano del menos sonoro e incluso más prosaico «aún» es el término elegido para dar nombre a esta maravilla colectiva en formato libro que aún, valga la adverbial redundancia, estás a tiempo de hacerte con ella. Todavía es una colección de relatos de / sobre / por la España vaciada / sentenciada. Varios autores, todos de fuste, de la mano de la Editorial Páramo —un pedazo de descubrimiento para mí— y de los micromecenas que hemos puesto nuestro (desinteresado / interesado) granito de arena, cuentan / narran / relatan nuestros / vuestros pueblos. Nuestros parajes y sus gentes. Al final,  lo esencial es invisible para los ojos , que decía el joven príncipe  de Saint-Exupéry. De eso se trata, de contarnos b uenas historias, del paisaje emocional . O, si lo quieres de otra manera más concisa todavía: sustrato, flora y fauna: un ecosistema humanizado, que no antropizado .

La narrativa de las genias

Ampuero , Trías y Fernanda Melchor, las tres talentosas Fernandas, rebosan tanto éxito en lo puramente literario, al final es lo que importa, como en su relación con las ventas y la siempre complicada industria editorial. A las tres las suelen incluir en eso tan controvertido que han dado en llamar el nuevo boom latinoamericano , junto a ellas también meten en el saco a otras tan brillantes como: Mariana Enríquez, Mónica Ojeda, Schweblin o Selva Almada .   Lo del boom parece un poco forzado, como forzado lo fue el ya tan manoseado de los sesenta . Un servidor, que no dejo de ser un simple escritor con bastante curiosidad, sin hacer ningún tipo de análisis pseudosociológico, sí intuyo algo de carácter generacional y femenino, claro. Como si por fin el sector y de la mano los lectores, nos hubiésemos quitado la venda y hubiésemos empezado a disfrutar con estas lecturas maravillosas. La supuesta hegemonía anglosajona, cierto machismo en el mundillo, o peor, condescendencia y ya, má...

Nuestro lugar en el mundo (y la morriña)

Me dejo caer dando un paseo por  la carretera que sube hacia Alfoz, pero en sentido contrario, hasta el promontorio rocoso donde está el cementerio adosado a la  iglesia de San Pedro (el actual templo data del siglo XVII) en Cangas de Foz . Nada más llegar, me recibe a modo de elegante anfitrión un imponente moral negro ( Morus nigra ). Se estima que se trata de un ejemplar bicentenario, catalogado como Árbol Senlleiro por la Xunta . Me plantó allí en apenas cinco minutos, el mejor momento es un par de horas antes del atardecer y lo más recomendable es hacerlo ligero de equipaje: un cuaderno, algo para escribir y el móvil en modo avión, o mejor, apagado, que no dé el coñazo. Te vas a encontrar un lugar donde se podrían hacer los encuentros de escritura al aire libre más inspiradores que hayas podido soñar. Detrás del pequeño cementerio hay una inesperada pradera y una larga línea de silvas (zarzas), a modo de frontera silvestre entre el verdor y unos imponentes acantilados, ...