El adverbio todavía , primo hermano del menos sonoro e incluso más prosaico «aún» es el término elegido para dar nombre a esta maravilla colectiva en formato libro que aún, valga la adverbial redundancia, estás a tiempo de hacerte con ella. Todavía es una colección de relatos de / sobre / por la España vaciada / sentenciada. Varios autores, todos de fuste, de la mano de la Editorial Páramo —un pedazo de descubrimiento para mí— y de los micromecenas que hemos puesto nuestro (desinteresado / interesado) granito de arena, cuentan / narran / relatan nuestros / vuestros pueblos. Nuestros parajes y sus gentes. Al final, lo esencial es invisible para los ojos , que decía el joven príncipe de Saint-Exupéry. De eso se trata, de contarnos b uenas historias, del paisaje emocional . O, si lo quieres de otra manera más concisa todavía: sustrato, flora y fauna: un ecosistema humanizado, que no antropizado .
Los días son demasiado largos, qué necesidad de lucirse tendrá allá, en todo alto. En realidad no muestra entusiasmo, siempre tan sólo y tan brillante, parece tan aburrido que ya ni nos mira. Se limita a cumplir con su función y no escatima ni un kilowatio, energía a raudales para todos, en todas las longitudes de onda posibles. A él le hubiera gustado ser cometa y vagar por los cielos... Que todos conocieran su nombre, el del viejo astrónomo que le descubrió una tarde de verano atisbando el cielo con su catalejo. O ser cometa de papel de seda, de color rosa palo, de manos de niña corriendo entre la ropa tendida. Corretear por las calles empedradas a la hora de la siesta, a esa hora en que solo los niños y los guiris se atreven a salir. Allá por donde Isora y shit cazan lagartijas y se hacen amuletos con sus rabos. Rabos de nube , rabos de abortos de higos aplastados contra el suelo. Los rabos de lagartija de Marsé , de todos los que con tino y determinación escribieron la infa...