El adverbio todavía , primo hermano del menos sonoro e incluso más prosaico «aún» es el término elegido para dar nombre a esta maravilla colectiva en formato libro que aún, valga la adverbial redundancia, estás a tiempo de hacerte con ella. Todavía es una colección de relatos de / sobre / por la España vaciada / sentenciada. Varios autores, todos de fuste, de la mano de la Editorial Páramo —un pedazo de descubrimiento para mí— y de los micromecenas que hemos puesto nuestro (desinteresado / interesado) granito de arena, cuentan / narran / relatan nuestros / vuestros pueblos. Nuestros parajes y sus gentes. Al final, lo esencial es invisible para los ojos , que decía el joven príncipe de Saint-Exupéry. De eso se trata, de contarnos b uenas historias, del paisaje emocional . O, si lo quieres de otra manera más concisa todavía: sustrato, flora y fauna: un ecosistema humanizado, que no antropizado .
Esta mañana, haciendo scroll en Threads , esa actividad tan peligrosa para la gestión de tu tiempo como a veces, pocas, fructífera, me he detenido en un hilo de @neuroticologico donde lanza una consigna , un inicio para hacer microrrelatos. Lo suele hacer a menudo y salen textos muy interesantes. Se ve que sus seguidores tienen buena pluma. El inicio que nos ha tocado es: ”La casa no era igual…” Aquí tenéis las tres variantes del mío: “La casa no era igual sin ti. Qué pena haberte descuartizado. A veces me arrepiento.” “La casa no era igual sin mí. Qué pena haberme suicidado. A veces me arrepiento.” “La casa no era igual sin ella. Qué pena haberla descuartizado. A veces me arrepiento.” El orden no coincide con el de escritura. Primero fue “ sin ella ”, pero no terminaba de convencerme. No sonaba contundente. Después salió “ sin ti ” y enseguida me pareció que funcionaba mejor. La segunda persona crea un vínculo más fuerte y le otorga más fuerza. Parece que el narrador se d...