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Felicidad

Vivo en un país libre,   cual solamente puede ser libre  en esta tierra,   en este instante,   y soy feliz   porque soy gigante.    Pequeña serenata diurna. Silvio Rodríguez. Hay días en los que uno amanece claro y feliz escuchando la pequeña serenata, como si regresase del monte, quién sabe, a lo mejor de algún sueño florido y montaraz, y le sonríe a la vida. El horroroso bochorno se fue, ya estás en septiembre, ese mes que tanto te gusta, revolotean en tu cabeza cientos de golondrinas en forma de alegres canciones aladas. El lado más racional y más imbécil de tu cabeza, casi tan aguafiestas como ese tipo que pulula por la Junta Municipal del barrio, te quiere cortar el rollo convenciéndote de que solo son ilusiones (benditas ilusiones), que todo está igual que ayer.  Pero tú ignoras esas apreciaciones y canturreas: " Felicidad qué bonito nombre tienes... " y te sonríe la chica marroquí de la frutería, te habla de sus largas ...

El pronombre que quiso cambiarlo todo


Esta mañana, haciendo scroll en Threads, esa actividad tan peligrosa para la gestión de tu tiempo como a veces, pocas, fructífera, me he detenido en un hilo de @neuroticologico donde lanza una consigna, un inicio para hacer microrrelatos. Lo suele hacer a menudo y salen textos muy interesantes. Se ve que sus seguidores tienen buena pluma.  El inicio que nos ha tocado es: ”La casa no era igual…”
Aquí tenéis las tres variantes del mío:

“La casa no era igual sin ti. Qué pena haberte descuartizado. A veces me arrepiento.”

“La casa no era igual sin mí. Qué pena haberme suicidado. A veces me arrepiento.”

“La casa no era igual sin ella. Qué pena haberla descuartizado. A veces me arrepiento.”
 
El orden no coincide con el de escritura. Primero fue “sin ella”, pero no terminaba de convencerme. No sonaba contundente. Después salió “sin ti” y enseguida me pareció que funcionaba mejor. La segunda persona crea un vínculo más fuerte y le otorga más fuerza. Parece que el narrador se dirige a alguien ausente, en un cementerio o a un fantasma, y esta expectativa hace que la segunda frase caiga con más fuerza. Por último “sin mí”. Confieso que dudé mucho si elegir esta versión para publicarla. Me encanta el título. Además, inevitablemente me recuerda a Mi vida sin mí, de Isabel Coixet, uno de esos títulos sencillos que se quedan resonando.
Sin embargo, para esta entrada preferí, en principio, como título: “Sin ti/sin mí/sin ella”. El orden no coincide con el de escritura, pero me parecía que tiene mejor musicalidad. Hay decisiones que el oído toma antes que la razón. Pero otras, como ocurre en este caso, la razón se revuelve y se sale con la suya utilizando los pronombres: El pronombre que quiso cambiarlo todo. No parece mala elección, de alguna manera, viene a señalar que basta cambiar un pronombre para que cambie el relato. La historia es casi la misma, pero la voz, la distancia con el lector e incluso el tipo de humor se transforman por completo.
Y de regalo, para las que hayan llegado hasta aquí, un regalito:

“La casa no era igual conmigo. Qué pena no haberme suicidado. A veces me arrepiento."

Esto es todo por hoy, sigo leyendo y escribiendo tonterías todo lo que puedo, bueno todo lo que eso que llamamos vida, quizás erróneamente, me permite.

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