Hoy cumpliría 106 años Bukowski . Si quisiéramos hacer una broma tonta, diríamos que para ello tendría que haber estado conservado en alcohol. Una broma de mal gusto, que no vamos a hacer. Nuestro hombre además terminó dejándolo o al menos moderando el consumo, según la fuente. Yo no tenía ni idea de lo del aniversario hasta hace un rato. Que estaba sesteando y me ha dado por mirar Instagram. He ido a parar a una publicación estupenda de @labibliotecadedavid . Cuando estoy medio dormido, o recién levantado, que viene a ser lo mismo, me suele agarrar la vena juguetona y no he podido evitar poner un comentario haciéndome un poco el listillo. Buscando provocar, sin complicarme mucho la vida y, de paso, hacer pensar un poco al personal, en especial a los fans. Como la “conversación” que se puede generar en los comentarios de una publicación de Instagram es tan limitada, me lo he traído aquí y así de paso homenajeo, a mi manera, a este señor tan misógino y audaz. Y no...
Esta mañana, haciendo scroll en Threads, esa actividad tan
peligrosa para la gestión de tu tiempo como a veces, pocas, fructífera, me he
detenido en un hilo de @neuroticologico donde lanza una consigna, un inicio
para hacer microrrelatos. Lo suele hacer a menudo y salen textos muy
interesantes. Se ve que sus seguidores tienen buena pluma. El inicio que nos ha tocado es: ”La casa no
era igual…”
Aquí tenéis las tres variantes del mío:
“La casa no era igual sin ti. Qué pena haberte
descuartizado. A veces me arrepiento.”
“La casa no era igual sin mí. Qué pena haberme suicidado. A
veces me arrepiento.”
“La casa no era igual sin ella. Qué pena haberla
descuartizado. A veces me arrepiento.”
El orden no coincide con el de escritura. Primero
fue “sin ella”, pero no terminaba de convencerme. No sonaba contundente.
Después salió “sin ti” y enseguida me pareció que funcionaba mejor. La segunda
persona crea un vínculo más fuerte y le otorga más fuerza. Parece que el
narrador se dirige a alguien ausente, en un cementerio o a un fantasma, y esta
expectativa hace que la segunda frase caiga con más fuerza. Por último “sin mí”. Confieso que dudé mucho si
elegir esta versión para publicarla. Me encanta el título. Además,
inevitablemente me recuerda a Mi vida sin mí, de Isabel
Coixet, uno de esos títulos sencillos que se quedan resonando.
Sin embargo, para esta entrada preferí, en principio, como título: “Sin ti/sin mí/sin ella”. El orden no coincide con el de escritura, pero me parecía que tiene
mejor musicalidad. Hay decisiones que el oído toma antes que la razón. Pero otras, como ocurre en este caso, la razón se revuelve y se sale con la suya utilizando los pronombres: El pronombre que quiso cambiarlo todo. No parece mala elección, de alguna manera, viene a señalar que basta cambiar un pronombre para que cambie
el relato. La historia es casi la misma, pero la voz, la distancia con el
lector e incluso el tipo de humor se transforman por completo.
Y de regalo, para las que hayan llegado hasta aquí, un
regalito:
“La casa no era igual conmigo. Qué pena no haberme
suicidado. A veces me arrepiento."
Esto es todo por hoy, sigo leyendo y escribiendo tonterías todo
lo que puedo, bueno todo lo que eso que llamamos vida, quizás erróneamente, me
permite.

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