Extramuros hace frío, hay que abrigarse cuando cae la noche, los atardeceres, más que bonitos, son melancólicos. Cuando uno frena y consigue al fin descansar, cesa el ímpetu y la ilusión por acceder al recinto amurallado, hay que saber esperar a que llegue el momento. A que las puertas se abran y chirríen los goznes. Entonces se siente cierta paz, cosquilleo y otra vez, el inevitable frío que no llega a calar los huesos, pero deja las yemas de los dedos ateridas. Es entonces cuando aparecen los fantasmas y, como ya me los conozco, son viejos conocidos, los ignoro o trato de hacerlo, no obstante, al cerrar los ojos, ya en la cama, es inevitable dejarse llevar un rato por sus cantos de sirena. Extramuros de tus labios, como te digo, siento el vacío. Una oquedad que estoy aprendiendo a manejar, si es que esto es posible. La relleno con risas y conversaciones, trato de no pasar mucho tiempo solo. Es como ponerle puertas al campo, porque el agujero, como un cráter, sigue en todo el ...
Van pasando los días y noto que me cuesta encontrar un momento para pasar por aquí y me resulta curioso porque una de las cosas que más me gustan de este insólito mundo es bloguear, algo tiene que haber en ello cuando lo llevo haciendo desde 2004. Pero hoy, en esta mañana ventosa, preinvernal parece que se han alineado los planetas y se ha hecho un claro entre las obligaciones de la vida, total que aquí estoy tecleando, dando la turra de nuevo, nada más deshacerme de el gorro, los guantes, el palestino, el cortavientos... Como dije antes la mañana estaba tirando a glaciar. Tras dejar a la enana en el cole, hemos ido dando un paseo a la plaza para hacer unas gestiones y como de camino esta la librería me he atrevido a entrar. Digo atrevido, y redundo además en el participio, para enfatizar mi absurdo temor a comprobar si se habían vendido algunos ejemplares de Pinceladas . A veces, nos ponemos en lo peor y me daba vergüenza pasar y preguntar al librero. Algo absurdo porque es un ti...