Van pasando los días y noto que me cuesta encontrar un momento para pasar por aquí y me resulta curioso porque una de las cosas que más me gustan de este insólito mundo es bloguear, algo tiene que haber en ello cuando lo llevo haciendo desde 2004. Pero hoy, en esta mañana ventosa, preinvernal parece que se han alineado los planetas y se ha hecho un claro entre las obligaciones de la vida, total que aquí estoy tecleando, dando la turra de nuevo, nada más deshacerme de el gorro, los guantes, el palestino, el cortavientos... Como dije antes la mañana estaba tirando a glaciar. Tras dejar a la enana en el cole, hemos ido dando un paseo a la plaza para hacer unas gestiones y como de camino esta la librería me he atrevido a entrar. Digo atrevido, y redundo además en el participio, para enfatizar mi absurdo temor a comprobar si se habían vendido algunos ejemplares de Pinceladas . A veces, nos ponemos en lo peor y me daba vergüenza pasar y preguntar al librero. Algo absurdo porque es un ti...
Ayer cuando pico mi vecina en la puerta con un paquete en la mano estaba tan cansado que ni siquiera lo abri, pero hoy ya con el café del desayuno me he venido tan arriba que he tenido que hacer hasta un reel. Hablo de autoficción, jovenes talentosas y hasta de la gran Sabina, que esta vez la tenemos en su faceta de editora.
He tenido que repetir varias veces el reel para que me lo acepte Instagram. Cada día estoy más torpe y viejuno.
Para terminar tan solo comentar que el lunes que viene me vuelvo a pirar a la playa, por lo que tanto el blog como el proyecto Pinceladas quedarán en estado latente. Si me comentáis algo por redes seguramente tarde en contestar.


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