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Pizarnik y la habitación propia

Pizarnik Los diarios de Alejandra Pizarnik son alucinantes, entre otras mil cuestiones nos muestran como una de las mentes más lucidas del siglo XX sufría entre fármacos y diagnosticos imprerfectos. Cristina Peña, una de sus biografas, afirma que:  "Pizarnik tomaba pastillas para todo, para dormir, para despertarse. A partir de cierto momento de su vida, ella es un coctel viviente y, evidentemente, hay un deterioro que se va profundizando." En 1959 la poeta argentina escribio en su diario: " recién termine de leer Un cuarto propio ( Una habitación propia , en la traducción castiza) de Virginia Woolf [...] VW es sencillamente adorable. Pero la siento un poco vieja, como del siglo pasado. Estuve pensando sobre las 500 libras al año y el cuarto propio. Yo tengo un cuarto propio, no tengo dificultades economicas apremiantes, gozo de libertad para ir a donde yo quiera. No obstante, soy el ser menos libre. " Y es que en la sencilla ecuación que planteaba la Woolf, faltab

El gozo de escribir


Me estoy leyendo El gozo de escribir de Natalie Goldberg (Writing down the bones), la primera edición es de 1996, la mía, en castellano, la edita La liebre de marzo. Es un libro bonito, muy sencillo con capitulos cortos, que va al grano. Como imaginareis habla del oficio de escribir, de sus paradojas y entresijos. Junto con Bird by bird (que vendría a ser equivalente a eso de "partido a partido") son dos de los manuales más recomendados para los que nos gusta juntar letras. Luego está el mítico Mientras escribo del bueno de Stephen King, pero esa es otra historia.

Voy a copiar aquí un extracto del capítulo en el que habla del escritor y su estudio (página 149). Inevitablemente nos lleva a La habitación propia de Virginia Woolf, tristemente de actualidad por estos lares.

El escritor y su estudio

Si para escribir necesitáis una habitación, encontrad una y punto. No hagáis de ello una cuestión de estado. Si el techo está en condiciones, si la habitación tiene una ventana y si en invierno podéis calentarla, meted dentro la mesa de escribir, unas estanterías, una silla cómoda, y empezar a escribir. Sucede demasiado a menudo que uno decide que tiene que blanquear las paredes, luego comprarse unos tapices para colgarlos en elllas, agenciarse una mesa especial, enviar la silla al tapicero, hacer venir al carpintero para que construya una libreria de nogal, ir en busca de una alfombra que haga juego con todo lo demás. "Después de todo es mi habitación".

Entonces se convierte en otro truco para evitar escribir. He visto a amigos míos crearse un ambiente perfecto y luego no conseguir estar en él. Se ancontraban más agusto escribiendo en la mesa de la cocina. Es dificil quedarnos sentados en una habitación esquisitamente decorada y, mientras, luchar con aquellas imperfecciones nuestras que el escribir, inevitablemente, saca a flote.

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